Visita al paraíso de la Giró de la mano de Manu Guardiola. Montañas y valles con tesoros escondidos. La Giró en Xaló.

El mundo de estos vinos artesanos nos ha brindado la posibilidad de conocer grandes viñadores, grandes personas que se dejan la piel y el alma en lugares de una belleza única. Y estamos convencidos que parte importante de ella, de esta belleza que nos predispone el alma, es producto de su esfuerzo, de las historias que hay detrás que sustentan esta filosofía de vida, que a fin de cuentas es lo que es.

Pues bien, las comarcas del norte de la provincia de Alicante, las dos Marinas, contienen muchísimos tesoros como los que las conocemos podemos dar fe. Uno de ellos, la uva, el vino. En medio de paisajes cautivadores, en valles donde el hombre durante siglos ha cincelado, ha cultivado la historia. Tal cual. Y desde siempre, se hacía vino para autoconsumo. Y aquí empieza una historia mágica pero perfectamente real y que creemos tiene mucho futuro.

Estas tierras fueron repobladas a principios del 1600 por familias mallorquinas que trajeron su gente con su lengua, su cultura, sus costumbres… ¡Y sus uvas! En concreto, la «Giró». Confundida hasta hace bien poco como ‘garnacha mallorquina’, se ha descubierto su unicidad. ¡Y al paso de los siglos también se ha independizado de su madre insular!

¿No os parece algo maravilloso una historia como esta? ¿Algo digno de poner en valor, de promover? Es parte de nuestra cultura como pueblo y que muchas sociedades estarían encantadas de poseer. Tenemos una oportunidad única de disfrutar del trabajo de tantas generaciones pasadas… ¡Y presentes! Hay un movimiento de pequeños artesanos, de pequeños viñadores que ya están dando que hablar. Alberto Redrado y Violeta Gutiérrez de la Vega abriendo sendas, Manu Guardiola, Aida y Lluís, Joan Tàrrega…

Y hacia tierras de Xaló, tierras de Manu nos fuimos. Indescriptible el lugar que él junto a su familia miman cuál jardín se tratase. Confiemos en que las fotos hagan justicia de lo que decimos, de lo que sentimos. 

Un microclima especial da cobijo a bellísimas y minúsculas parcelas, retablos de verdes variopintos según uvas al igual que diferentes suelos en simpar transición de colores. Cuando uno conoce a Manu y a su padre entiende el porqué de esos vinos.

Enólogos muy preparados que sienten pasión por su tierra y por un trabajo respetuoso al máximo con ella. Y otra generación anterior que ha cuidado el legado con mimo para las futuras. Es una combinación que con una buena comunicación es infalible.

Gracias Manu por tus vinos, por tu sonrisa que delata como eres. Gracias por convertir los ancestrales “Marges” en símbolo de tus vinos. Desde tiempo inmemorial forma parte de nuestro modelado paisaje, significando mucho para nuestra cultura como pueblo. Gracias por tu confianza y por hacer que nos enamoremos de nuevo de lo auténtico, de lo puro, de unas tierras que siempre hemos sentido como parte nuestra…

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