Hemos leído un artículo, algo tendencioso, que nos ha molestado. Mucho. Tanto que hemos necesitado unos días para poder digerirlo, y escribir estas líneas con la máxima tranquilidad. Precisamente por plantear la “insalubridad” de los vinos naturales, recurriendo a unos cuantos recortes con definiciones sacadas de un diccionario. Nos referimos al artículo publicado en la sección “Comer” de la edición digital de La Vanguardia, con fecha 10 de enero de 2019.

No sabemos nada de vinos. De hecho, nos gusta esta carencia. Esto nos permite, sorprendernos continuamente, descubrir grandes vinos que, si partiéramos de apriorismos estrictos, sería imposible gozar de ellos y de la gente que los hacen posible.

Todos tenemos un pasado, aunque muchos quisieran borrarlo, dinamitarlo. Hemos crecido con un tipo de vinos, los cuales forman parte de nuestro bagaje vínico. Pero nuestro afán hedonista nos ha permitido navegar (¡cuasi literalmente!) por ríos de vino muy distintos entre ellos. Todos estos años bebiendo vinos de diferente procedencia y técnica de elaboración nos permiten, humildemente, expresar nuestra opinión.

Resumiendo el citado artículo…

La pregunta del consultorio: “¿Puede ser peligroso para la salud el vino natural?”

Y allá va el lenguaje desbocado con palabras, frases como las que siguen y mucho lenguaje “químico” con términos que asustan. Literalmente. Y dice así: “El déficit de sulfitos puede ayudar a la proliferación de microorganismos contaminantes, propiciando transformaciones no recomendables. Estas modificaciones, aumentan la concentración de compuestos tales como las aminas biógenas”. Continuando: “Los vinos naturales producen altos niveles de acetaldehído, un compuesto que forman las levaduras cuando se estresan por la falta de nutrientes o por una oxidación descontrolada del alcohol en la que participan los microorganismos”.

Y acaba el viaje tenebroso para una de las partes, la de los vinos “no industriales”, del siguiente modo: “En resumen, el anhídrido sulfuroso es un potente antiséptico, antifúngico y antioxidante, por lo que el consumo de vino natural, al igual que el de otros productos de elaboración similar puede suponer un riesgo…”

Tajante conclusión

Nos parece muy bien que el artífice del artículo haya decidido apoyarse en la química. Pero no compartimos su opinión, ni nos parece apropiada su forma de desprestigiar el vino natural. Si nos pusiéramos a enumerar la lista de tóxicos y venenos presentes en muchos vinos no naturales, no solo los sulfitos, no acabaríamos nunca… Y curiosamente casi nadie habla de ello. Por lo visto no interesa la salud del consumidor.

Estamos cansados de escuchar a la gente, consumidores de vino no natural, comentarios del tipo… “es que me sienta mal el vino”, “no soy capaz de tomar más de dos copas sin tener un horrible dolor de cabeza al día siguiente” … Y así sucesivamente, frases y comentarios en la misma línea…

 

Otros vinos y otra forma de hacerlos es posible

Os invitamos a probar y disfrutar vinos naturales, vinos biodinámicos, en definitiva, vinos artesanales de mínima intervención, donde prima el respeto a la tierra, a la viña, al vino, al buen hacer. Vinos vivos, vinos sanos. Este tipo de vinos requiere trabajar la tierra de forma natural y/o biodinámica, artesanal, comprometiéndose el viñador a conseguir que el vino sea un fiel reflejo de la tierra donde nace. No es únicamente una forma de cultivo, es toda una filosofía de vida.

Esta forma de hacer vino, respetuosa con el medio ambiente, la vid y el vino mismo, requiere de mucho más trabajo, esfuerzo y dedicación. Lo que se traduce en costes elevados. Y claro, eso no a todo el mundo interesa.

Ahí lo dejamos para la reflexión del lector…

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