El mundo de estos vinos produce sinergias de lo más especiales. En fin, que junta a personas con la misma sensibilidad, la misma pasión por una forma, diríamos, extremadamente sensorial, cuasi espiritual, de entender la enogastronomía. Ayer, quisimos llevar en persona el primer pedido que iba a tierras ilicitanas para conocer, in situ, un lugar que intuíamos cercano a los paraísos gastronómicos.

La semana pasada pudimos disfrutar en la tienda de Vinos Utópicos, de una deliciosa pareja catando, probando más de 15 referencias de nuestras joyas embotelladas. Hablamos de Paula y Ramón, copropietarios de un lugar mágico con un nombre evocador, Hallec. Buscaban vinos que fueran a la par con su forma de entender el mundo de la alta restauración. Fue una experiencia que marcó a los cuatro integrantes de esa memorable cata.

Al llegar ayer a Hallec, solamente el ver el espacio y el recibimiento de Paula, presagiaban una noche memorable, como así fue. No llegados a la treintena y capaces de ofrecer tamaño festival de sensaciones, presagian lo mejor para esta inmensa pareja. Ella en sala al frente de todo y él solo en cocina, literalmente.

Un escenario propicio, clásico, elegante, estilo modernista, pero con una calidez que lo hacía cercano. Nos plantea Paula que Ramón, formado en restaurantes de altísimo nivel donde el excepcional producto es fundamental, quería ofrecernos un anticipo de lo que será un menú degustación que empezará a rodar el próximo septiembre.

Todo empezó con una excelente cerveza de ajo negro, sí como suena, acompañada de unas aceitunas rellenas de un gel de vermut y ralladura de naranja, que hacía que cada aceituna gordal se transformara en un sorbo de delicioso vermut. Junto a este aperitivo, otro que era una tosta de mojama de una finura etérea, pero que transmitía la esencia del túnido en su cantidad justa. No podemos olvidar unas croquetas de jamón dignas del mejor recuerdo materno y casero que podamos imaginar. A partir de ese momento, se crearon unas armonías de lo más gratificantes con cuatro nuevos vinos que llevamos para la ocasión.

Cada plato era sencillamente maravilloso. Sabor, sabor, sabor. Técnicas en los fondos y en los caldos de una elegancia desconocida por estos lares. Ocho platos para recordar. Bien pronto tuvimos que recurrir a sinónimos cada vez más rebuscados, para no repetir los desbocados halagos que continuamente dedicábamos a esas delicias que él solo (insistimos en lo de solo, ya que él es la única persona en los fogones) es capaz de presentar en la mesa. Dicen que una foto vale más que mil palabras. Si bien no pensamos que es totalmente cierta esta expresión, las imágenes que veis abajo creemos que ayudarán a poner materialidad corpórea a nuestras palabras.

Intercalamos los cuatro vinos con todos los platos y ahí se empezaron a producir unas armonías que hicieron sublimar el momento. Una Giró de esa buena persona que es Vicent Tomàs, 2 Galers, acompañaba con su franqueza, con su alegría, con su pureza montañesa, a la mayoría de los platos. El naranja de Ferrán de Bodega Clandestina, Orange Clandestí, con los mil matices de frescor de este tipo de vinos, llevó de la mano a alguno de los platos de una forma magistral, al igual que su blanco Xarel.lo, Sense Papers. Por cierto, “bendita Xarel.lo indocumentada”. El cuarto vino, ha sido uno de los últimos en llegar a la familia utópica, de la mano de nuestros queridos Carmen y Luis de Uva de Vida, Biográfico, un coupage de Graciano y Tempranillo, que juega y quiere jugar continuamente con el comensal de una forma que no teníamos registrada; suavidad, delicadeza, sonrisa, polivalencia, un vino para beber con necesaria desmesura, se convirtió en un perfecto todoterreno que, educadamente, quería relacionarse con todos los platos de una forma deliciosamente naif.

Al finalizar el festín, el chef y la jefa de sala, Ramón y Paula, se sentaron con nosotros para hablar de lo humano y de lo divino como rubrica a una noche que no olvidaremos. El límite de esta pareja lo vemos muy lejano, ya que la humildad junto con el tesón, la fuerza y el trabajo son excelentes compañeros de viaje. Salimos de allí con mucho que analizar y que pensar, con mucho que volver a disfrutar en el recuerdo.

Gracias Paula, gracias Ramón, por tener en vuestra carta, que mimáis como pocos, a buena gente y excelentes vinos como Samuel Cano de Vinos Patio con su Atardecer en el Patio. A Joan Rubió de Cal Tiques con su Joanots. A Javier y Luis de La Calandria y su Sonrojo. A Rebeca y Josep Mª de Finca Mas Perdut con su Dolç Verema Tardana Blanco…

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