Pensamos que una buena forma de empezar esta andadura de las catas sería con una enraizada a nuestra tierra. El tema elegido y la bodega estábamos convencidos que sería una combinación que daría mucho juego. Pero no pensábamos que se creara una simbiosis tan maravillosa entre asistentes y bodeguero, como se produjo. La temática elegida fue “Recuperación de uvas autóctonas cuasi extintas” y la bodega Celler La Muntanya, con el incombustible Joan Cascant al frente.

No sabemos nada de nuestro patrimonio vitivinícola. No sabemos nada de la riqueza que hemos tenido y que hemos dejado perder, en su inmensa mayoría, respecto al mundo del vino. Y si a esto añadimos una lobotomía si no forzada o promovida, sí consentida, el panorama es desolador. Pero mientras haya “locos cuerdos” como Cascant en El Comtat o el movimiento reivindicativo de la Giró, con ilusionantes proyectos y realidades, tanto en La Marina Alta como en la Baixa, hay esperanza.

En este caso, el día 6 de mayo los vinos de Celler La Muntanya nos hicieron felices. Cada vino con historias bellísimas detrás, eran explicados con el corazón, con pasión y escuchados y libados exactamente igual. Era bonito ver cómo el termómetro iba subiendo de grados continuamente hasta el extremo de estar involucrados todos los asistentes que llenaban el espacio Vinos Utópicos de la calle San Juan Bosco. La mesa comunal que domina Vinos Utópicos y que fue pensada como punto neurálgico donde disfrutar y aprender en torno al vino, creemos que, con la colaboración de todos los asistentes, lo consiguió.

Los vinos que fueron desfilando, no dejaron indiferente a nadie. Malvasía, Garnacha blanca, Farannà, demostraron que grandes vinos blancos se pueden hacer en nuestra tierra. Respecto a los tintos, Bonicaire, Syrah, Mas d’en Botí, nos enseñaron que estas joyas pueden generar tintos con corpulencia y frescura de la mano. Por último, una bebida que es parte de nuestros genes, como es el Vermut, remató la jornada a altas horas de la noche. Por cierto, dos Vermuts, uno blanco y uno rojo, con una conjunción perfecta de sabores, con lo cual, literalmente, respirabas nuestra montaña mágica de Mariola.

Nadie quería que acabara la velada, fue un momento mágico el sentir lo que estaba ocurriendo en nuestra/vuestra casa. El vino nos tiene enamorados gracias a momentos como este, gracias a personas que lo sienten con el corazón, tanto de parte de hacedores, como de bebedores. Gracias de todo corazón Joan Cascant, por permitirnos tener en la tienda vuestras joyas. Y quisiéramos agradecer también, en a parte sólida de la velada, los productos servidos por La Vaquería del Camp d’Elx, que hicieron una conjunción perfecta con los vinos destapados.

En breve, segundo encuentro…

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