¿Revolución o tendencia?

Que somos un país ‘diferente’ es algo que conviene tener asumido para no entristecernos en demasía. Siempre hay un retraso latente y claramente perceptible, más o menos amplio, con respecto a nuestros vecinos culturales en la mayoría de temas vitales. Y con respecto al vino, también. En Europa, en nuestra vecina Francia, los años 80 fueron el punto de inflexión, el comienzo de una revolución dentro del mundo del vino. La alta restauración, algún bodeguero mítico, un brainstorming memorable en París y la explosión del vino-vino, de los vinos sin artificios, vinos naturales, vinos artesanales. ¿Y cuál es el sello distintivo común de los vinos artesanales? Tienen una energía única, son ‘sanos’, son libres, transmiten la esencia y la honestidad de la tierra donde nacen y de las gentes que los hacen posibles. Además de poseer una complejidad de matices que otras tipologías de vino no tienen, son vinos vivos.

En nuestro Estado todavía se les critica como una moda pasajera de cuatro locos. Pero nada más lejos de la realidad. Es una tendencia al alza. Es un movimiento que ha venido para quedarse. Son ya más de una “generación de jóvenes” que busca el origen de lo que bebe, son unos bodegueros que aman lo que hacen. Son esos Wine bars y tiendas especializadas que cuidan sus productos y quieren no solo vender vino sino transmitir la esencia y alma de los mismos. Si a eso le añadimos su presencia en la alta restauración, ya tenemos un maravilloso cocktail que nos da el porqué de la necesidad de esta revolución.

Vinos libres

Incidiendo en el tema del sulfuroso. Uno de nuestros pilares en el mundo del Vino es el filólogo Joan Gómez Pallarés que, por cierto, acaba de publicar la última edición actualizada de su libro “Vinos Naturales en España”. Joan está convencido de que no es necesario añadir más sulfuroso al vino del que se genera durante la fermentación, siempre y cuando se trabaje bien el viñedo. A esto añade, que los vinos sin SO2 permanecen estables muchos años gracias a que proceden de suelos con poca intervención de agentes químicos, estando aquí la base. Para él, la corriente natural no es una moda, sino una ‘actitud’. Añadiríamos que es una filosofía de vida. Lo que está claro es que los vinos artesanales cuentan con auténticos fans y su número va en aumento. Tenemos claro que los motivos son varios y uno de ellos, es que una vez hemos caído bajo el influjo de este tipo de vinos, ya no hay marcha atrás. Hay algo en ellos y en sus hacedores, que te atrapa, que literalmente te encanta. Sin demonizar por supuesto, a otro tipo de vinos.

Y todo con mucha “naturalidad”

Pese a las críticas que los vinos naturales, vinos artesanales reciben, en términos de absoluto desconocimiento e ignorancia, esta ‘revolución tranquila’ lleva años entre nosotros. Ésta, ha ido contagiando a otras etiquetas que, sutilmente, se inclinan hacia esta filosofía de respeto por el entorno, mimo a la tierra, mínima intervención en la elaboración y la vocación firme de que cada copa hable de su lugar de procedencia y de fruta pura y dura, sin ningún otro camuflaje. Algo habrá visto el mundo del vino industrial en nuestro mundo. Nos viene a la mente una charla que hace pocas horas tuvimos con un bastión importante de este mundo. Hablamos del agricultor Samuel Cano (Bodegas Patio, Mota del Cuervo). Hablar con este huracán manchego es un chute de energía absoluta. Sin tapujos, con el corazón por delante y con un trabajo en el campo día a día que le avala. Gente así están mostrando caminos nuevos de lo más excitantes. Y nos encanta formar parte de este movimiento, de esta revolución en el mundo del vino, aprendiendo cada día y transmitiendo lo aprendido, apoyando su difusión a través de Vinos Utópicos…

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